domingo, 6 de mayo de 2012
sábado, 5 de mayo de 2012
viernes, 4 de mayo de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
miércoles, 11 de abril de 2012
novela un amor inolvidable capitulo 1 segunda parte
Irían a un
elegante restaurante, que estaría lleno de neoyorquinos importantes y Mariana
se deprimió cuando entró en el taxi. ¡Natalie muerta! Incluso ahora no podía
comprenderlo. ¿Qué había sucedido? Deseó haber continuado leyendo la carta,
pero se había sorprendido demasiado. Supuso que era normal que sus abogados le
escribieran, ya que era su único pariente, además de su hija. Sabía que Nat
tenía una hija por su tía, que anhelaba conocer a su única nieta; aunque Nat
nunca se lo permitió.
Si no hubiera sido por Lucas Martinez, ella habría tenido que permanecer en
Little Martin, soportando ver a Natalie casada con Peter. Tenía mucho que
agradecerle a Lucas. A Peter nunca le cayó bien; solía llamarlo «listo», y, en
parte, tenía razón. Lucas había ganado mucho dinero promoviendo estrellas pop.
En aquella época Lucas tenía treinta y un años y acababa de llegar de
Londres. Mariana lo apreciaba, aunque no aceptó el trabajo que le ofreció para
el nuevo club que iba a abrir en Londres. Sólo hacía unos meses que lo había
conocido, pero fue a él a quien recurrió cuando descubrió a Natalie en los
brazos de Peter. Él la ayudó, igual que lo hizo cuando Natalie anunció que
esperaba un hijo. Fue Lucas quien le dijo que debía ser modelo y fue él quien
la presentó a la directora de la escuela para modeles de Londres, en donde se
formó. «Un poco mayor para ser principiante», así la describió madame, pero
había compensado con exceso la fe que Lucas tenía en ella. Durante un tiempo,
él intentó enamorarla, pero sabía que era demasiado pronto para ocupar el
lugar de Peter. Mariana y Lucas continuaban siendo amigos. Ahora Lucas estaba
casado y vivía en California. Mariana apreciaba a su esposa y tenían un niño
adorable de dos años.
La noche le
parecía interminable. Era consciente de las miradas agudas, casi de
desaprobación, que le dirigía Benjamin e hizo
un esfuerzo
por integrarse en la conversación. Era obvio que aquellos hombres y sus
esposas, estaban impresionados con Benjamin y con el restaurante. Mariana se
preguntó qué trato esperaba hacer Benjamin con esos norteamericanos y sus
esposas. Benjamin era un buen negociante.
Mariana
sabía que todavía estaba enfadado con ella, cuando la llevó a casa. Él quiso
entrar en la casa, pero, con firmeza, ella se negó. Mariana comprendió que su
breve amor obsesivo hacia ella estaba a punto de terminar; pero, ¿qué otra cosa
podía esperar ella? No era culpa de Benjamin que ella no fuera como su imagen.
Estaba acostumbrada a ver su fotografía en los periódicos, con el comentario de
una cita casual, a la que se referían como su «última conquista». ¿Qué dirían
esos editores si supieran que aún era virgen? Ese pensamiento la sobresaltó.
Era virgen porque Natalie había interrumpido su relación amorosa con Peter.
Mariana
recordó el día en que su prima los encontró abrazados y cómo se había
enfurecido Peter.
Hacía tiempo
que Mariana y Peter se conocían, porque su padre era amigo de su tío. Pero
dejaron de verse cuando Peter se fue a la universidad, luego se fue a Australia
y allí estuvo dos años, preparándose para hacerse cargo de la fábrica agrícola
de su padre. Volvió a Inglaterra al morir su padre de un ataque al corazón.
Bronceado, con cabello oscuro y el cuerpo endurecido por el trabajo físico, Mariana
de inmediato se sintió atraída por él.
Entonces
tenía diecinueve años y enamorarse dé él fue la cosa más emocionante que jamás
había experimentado. Mariana le creyó cuando le dijo que la quería, incluso
cuando habló del futuro que compartirían juntos, pero al final, todo era
mentira.
Debió de
haberlo adivinado el día que Natalie los sorprendió, pero entonces creyó que
era otra muestra de los celos que su prima sentía hacia ella.
Aquel día no
había ido a trabajar. Peter la llamó y le propuso comer juntos, pero cuando
fue a buscarla, le dijo que ella era lo único que deseaba. Aún ahora podía
recordar su propia excitación. Fueron a la casa que Peter había heredado de su
padre. Era una casa georgiana, no muy grande, con una atmósfera tibia y hogareña
que Mariana adoró. Entonces no pensó en lo rico que era Peter; sólo era una
joven enamorada, por primera vez en su vida. Si Peter la hubiera llevado a una
casa humilde y pequeña, ella habría sentido lo mismo.
Con dolor,
recordó que ni siquiera fueron a algún dormitorio. Peter abrió la puerta del
salón y ella se encontró en sus brazos antes de que se cerrara otra vez,
respondiendo con ansiedad a sus besos y temblando por el deseo que recorría su
cuerpo.
Se habían
besado con anterioridad y él la había acariciado, pero nunca habían hecho el
amor. Peter sabía que era virgen porque se lo había preguntado. Entonces le
pareció ver en sus ojos una gran ternura, pero, por supuesto, sólo había sido
su imaginación. Estaban sobre el sofá cuando fueron interrumpidos por Natalie.
La blusa de Mariana estaba desabrochada y sus senos estaban descubiertos y muy
excitados por los besos de Peter. Natalie entró sin ser esperada y, medio
histérica, acusó a Mariana de haberla engañado. La única manera en que Mariana
pudo calmaría fue yéndose a casa con ella. Recordaba que Peter estaba muy
enfadado y entonces creyó que era porque le molestaba su preocupación por
Natalie. ¿Había hecho también el amor con su prima? ¿Qué habría hecho Peter si
hubiera dejado embarazadas a las dos? Sintió una tensión histérica en la
garganta.
Mariana
intentó controlar su dolor. ¡Dios mío, aún ahora, después de siete años,
acordarse de él le producía un dolor físico y emocional! Nunca se pudo recobrar
del profundo dolor que sintió al descubrir quién era Peter de verdad. No sólo
había sufrido la sensación de rechazo, sino que tuvo que soportar saber que le
había mentido.
Nunca
olvidaría el día en que Natalie le dijo la verdad. Fue una semana después de
que vio a su prima en brazos de Peter.
Había trabajado todo el día y, por lo general, Peter la recogía después
del trabajo. En esa ocasión, la chica que trabajaba con ella
le dijo que la secretaria de Peter había llamado y dejado el mensaje de que al
salir, fuera a su casa.
No tenía
coche propio y era una caminata de tres kilómetros, ero Mariana estaba
demasiado enamorada para considerar que eso era un obstáculo. Estarían solos en
casa de Peter, algo que él empezó a evitar desde que Natalie los interrumpió.
Sabía que tenía problemas con la compañía. Debía asegurar un pedido muy
importante, que era vital para que la empresa siguiera existiendo.
Cuando llegó
a la casa, el coche de Peter estaba aparcado enfrente y, por alguna razón que
todavía no había llegado a comprender, en vez de entrar por la puerta
principal, decidió sorprenderlo entrando por el salón. El cuerpo se le heló
cuando reconoció la cabeza de su prima apoyada sobre el hombro de Peter; tenía
los brazos alrededor del cuello de él y la cabeza inclinada sobre la de ella. Mariana
no esperó para ver más. Con piernas temblorosas se alejó, mareada por la pena
y el dolor, sin poder dar crédito a lo que acababa de ver.
Se dirigió a
casa y desde allí llamó a Peter para decirle que no se sentía bien, con la
esperanza de que él mencionara la presencia de Natalie, si es que podía haber
alguna explicación para lo que acababa de presenciar, pero no fue así.
Natalie
volvió muchas horas después, con la cara pálida y los ojos manchados, pero en
la expresión de su rostro podía leerse el triunfo, y Mariana supo que, de
alguna manera, Natalie sabía lo que ella había visto. Ninguna de las dos
mencionó nada. Mariana, con determinación, no aceptó ninguna de las llamadas de
Peter durante la siguiente semana. Se sentía demasiado dolida y no fue capaz de
confiar en nadie, ni siquiera en su tía. Después, agradeció no haberlo hecho.
Ni en mil
años olvidaría la impresión y el dolor que sintió el día que Natalie llegó a
casa y anunció que esperaba un hijo de Peter. Sólo se lo dijo a Mariana, casi
histérica por el placer. Mariana recordó que su prima siempre había sido
veleidosa, siempre estuvo sujeta a altas y bajas emocionales.
Mariana no
se puso en contacto con Peter. Lo único que le quedaba era su orgullo y su
agradecimiento por no tener que compartir el destino de Natalie. Todavía
ahora, se entristecía cuando pensaba en la hija de Peter, pero la apartó de su
mente, obligándose a recordar los sucesos de aquel traumático día.
En cuanto
pudo escapar de Natalie, Mariana se fue de la casa y empezó a caminar sin
rumbo, hasta que Lucas la encontró por la noche. El la llevó a casa y aunque le
hizo muchas preguntas, lo único que le dijo fue que quería alejarse de Little
Martin. Hasta ese momento, Mariana había mantenido una relación meramente
casual con Lucas; pero en ese momento la ayudó como un verdadero amigo: le
sugirió que se fuera de Little Martin, y se hiciera modelo. A pesar de que Mariana
no quería decirle la verdad, no pudo evitar mencionar a Natalie. Y tuvo la
sensación de que a Lucas no le agradaba su prima. Eso fue suficiente para que
su confianza en él aumentara. Y Lucas, al contrario que Peter, nunca la defraudó.
Esa misma
noche se fue a Londres con Lucas. Al día siguiente, escribió a su tía,
explicándole que se había ido para prepararse y ser modelo. Le pedía perdón por
no haberla avisado, pero con ello había querido evitar que intentara
disuadirla.
Un mes
después, Natalie y Peter se casaron. Su tía estaba sorprendida y muy
preocupada.
—Es tan
joven, Mariana, demasiado joven para casarse, pero quizá Peter... ¡Dios mío, sé
que tú y Peter...!
—Éramos
amigos, nada más —le aseguró Mariana y cambió de tema, hablándole a su tía
acerca de su nueva vida y haciendo que pareciera más emocionante de lo que en
realidad era.
Antes de que
las firmas de moda se fijaran en ella, Mariana pasó dos años difíciles.
Conseguía muy pocos trabajos, que siempre eran duros y mal pagados. Sin
embargo, ahora se alegraba de no haber aceptado los trabajos dudosos que le
ofrecieron. Ninguna revista podría reproducir fotografías frívolas de desnudos
suyos, porque nunca se las hicieron.
capi bastante largo recompenza por no haber podido subir ayer lo sientooo pero el colegio me esta matando un beso nos leeremos prontito @pupy_angelita
lunes, 9 de abril de 2012
novela:un amor inolvidable capitulo 1 primera parte
MARIANA
recibió la carta en Nueva York, donde trabajaba desde hacía seis meses,
diseñando ropa para uno dé los modistos más importantes de la ciudad.
Mientras
entraba en el apartamento que le había dejado una compañera norteamericana, Mariana
pensó, con ironía, que su falta de tiempo era una consecuencia de haber
llegado a la cima de su carrera. Tenía veinte años cuando empezó a trabajar
como modelo y, entonces, se prometió que sólo estaría en esa profesión cuatro
años. Ahora había cumplido veintisiete años y estaba considerada como una de
las mejores modelos del mundo.
La modelo se
inclinó para recoger la correspondencia que se le había caído al suelo. Sus
necesidades no eran demasiado caras, pero la larga enfermedad de su tía había
resultado sumamente costosa. Habían transcurrido dos meses desde su muerte y
aunque ahora no le era necesario ganar grandes sumas de dinero para pagar el
hospital, necesitaba ahorrar, pues sabía que, como mucho, podría trabajar dos
o tres años más como modelo. Pero, ¿qué iba a hacer el resto de su vida? Siete
años antes, creía conocer su futuro. Se casaría con Peter, tendría hijos...
Pero la realidad era muy diferente a sus ilusiones de adolescente.
Nueva York era
demasiado caluroso en verano, pensó Mariana mientras se dirigía al cuarto de
baño para tomar una ducha. Poder vivir en el apartamento de Kelly Reading,
había sido una suerte, ya que estaba cansada de ir de hotel en hotel. Era
absurdo
que ella,
que siempre había amado la vida hogareña, viviera sola y tuviera un trabajo que
la obligaba a estar siempre viajando. Mientras que su prima Natalie, que
siempre había deseado viajar sin ataduras por todo el mundo, era la que se
había casado y la que tenía una familia.
Frunció el
ceño y se quitó el vestido de seda, sin prestar atención a las familiares
curvas de su cuerpo. Durante los años que llevaba trabajando como modelo,
siempre había rechazado posar desnuda, lo que provocó el enfado de su primer
agente. Ahora las cosas eran diferentes, ya que era una de las mejores modelos
del mundo y podía escoger su trabajo. Además, Hedi, su agente, tenía
instrucciones precisas de lo que ella aceptaría o no.
Antes de
entrar en la ducha se recogió el cabello. Lo tenía largo y su color rubio
recordaba a la miel. Se duchó con rapidez. Después, envuelta en una toalla
comenzó a quitarse el maquillaje. Cuando lo había usado durante varias horas,
ansiaba quitárselo. ¡Una modelo que odia el maquillaje! Se rió y comenzó a
quitarse la pintura de los párpados. Sus ojos eran color verde mar. Mariana era
bella sobre todo por la estructura de su cuerpo y por sus ojos.
Su
apariencia siempre fue motivo de disputa entre ella y Natalie, cuando eran
pequeñas.
Mariana se
quedó huérfana a los cinco años y fue educada por sus tíos, junto a su única
hija, Natalie, que era dos años menor que ella. Natalie era diminuta y
delicada, y no aceptó tener que compartir con su prima el cariño de sus padres
y amigos. Por eso siempre la trató con crueldad. Mariana sufrió mucho durante
aquellos años. Solía encerrarse en su habitación para llorar en silencio.
Natalie solía repetirle: «Si no hubieras venido aquí, habrías tenido que ir a
un orfelinato». Esta era una de las frases favoritas de su prima, y a menudo
añadía: «... y si no me agradas, mis padres te meterán en uno».
Aquella amenaza hizo que Mariana cediera muchas veces a su chantaje
con el que la obligaba a permanecer siempre en silencio y a darle todo su
dinero.
Mariana
suspiró. Ahora comprendía que Nat sólo se había sentido insegura. Desde el
principio hubo una unión entre tía y sobrina, que jamás existió entre madre e
hija. Natalie, con la percepción que poseen la mayoría de los niños, notó la
inclinación de su madre hacia Mariana, y siempre culpó a su prima de esto.
Por otra
parte, Nat siempre fue la favorita de su padre. El tío Robert adoraba a su
pequeña hija de cabello oscuro, «mi pequeña hada traviesa», solía llamarla. Su
muerte en un accidente de coche, cuando Nat tenía catorce años, la afectó
muchísimo. Mariana nunca compartió el profundo sentimiento de Nat hacia ella y,
cuando creció, adoptó una actitud protectora hacia su prima. Sabía que
necesitaba aumentar su seguridad en sí misma.
Desde muy
pequeña, Nat había oído decir a su padre que ella era la más bonita de las dos,
que sus rizos oscuros y su cuerpo, poseían una delicadeza que Mariana no tenía.
Pero cuando llegaron a la adolescencia y Mariana comenzó a convertirse en una
hermosa mujer, Nat se resintió con amargura.
—Los chicos
odian a las muchachas altas —le decía Nat muchas veces.
De pronto, Mariana
recordó su época de estudiante y el día que estuvo en el despacho de la
directora del colegio, porque Nat había dicho que ella se teñía el pelo, lo
cual estaba castigado. Era tan evidente que su prima había mentido que la
presionaron para que explicara la razón por la que Nat intentaba ocasionarle
problemas. De inmediato Mariana salió en defensa de Nat. Aún podía recordar
las palabras de la directora:
—Mariana,
querida —le dijo con firmeza—, tu deseo de proteger a Natalie es muy natural.
Pero la ayudarás más si dejas que ella se responsabilice de sus acciones. Esa
es la única manera de aprender a no cometer las equivocaciones.
¿Habría sido
diferente su vida de haber seguido ese consejo? Sonrió y sacó ropa interior de
un cajón. No podía culpar sólo
a Natalie
por la destrucción de sus brillantes... y tontos sueños.
Media hora
después, Mariana se preparó un zumo y se sentó a leer la correspondencia. En
seguida vio el nombre de los abogados que se habían encargado del testamento
de su tía.
Se había
habituado a recibir correspondencia de Messrs Smith & Turner, durante las
semanas que siguieron a la muerte de su tía.
Después de
casarse y sin ningún remordimiento, según Mariana, Nat no quiso volver a ver a
su madre.
—Siempre te
quiso más —le dijo a Mariana—. No quiero volver a verla.
Dos años
después, su tía se puso muy enferma. Los médicos sugirieron a Mariana que internara
a su tía en un hospital privado donde recibiría los cuidados necesarios.
Mariana
escribió a Natalie, creyendo que querría hacer las paces con su madre en vista
de su precaria salud, pero Natalie ni siquiera contestó a su carta. Para cubrir
los gastos del hospital, aceptó todos los trabajos que le ofrecieron. Por eso,
durante los últimos cuatro años, no había tenido tiempo de descansar.
Ahora todo
había terminado y Mariana supuso que la carta de Smith & Turner le
informaría de los últimos detalles del testamento de su tía.
No le
sorprendió a Mariana enterarse de que su tía le había dejado la casa. La compró
después de la muerte del tío Robert, con el dinero que consiguió al vender la
antigua casa, que era grande y lujosa. Mariana siempre adoró la nueva casa,
pero Nat la odiaba. Nunca perdonó a su madre que hubiera vendido la antigua
casa y siempre se quejaba de que su nivel de vida había bajado. Mariana siempre
encontraba disculpas para justificar el comportamiento egoísta de su prima.
Aunque había un pecado que nunca podría perdonarle...
Abrió el
sobre y sacó las hojas de papel.
Su corazón
dio un vuelco al leer el primer renglón. Creyó haberse equivocado y volvió a
leer: «... siento informarle de la muerte de su prima, Natalie James nacida en
Bolton y de que...»
Sin leer nada más, Mariana levantó los ojos del papel. ¡Natalie muerta! No
podía creerlo.
Sólo tenía
veinticuatro años. ¿Qué había sucedido?
Miró la
fecha de la carta y sintió un dolor en el corazón. ¡Natalie estaba muerta
desde hacía un mes y medio! Un mes y medio durante el cual ella había viajado
de Nassau a Río, después a Cannes y, por último, a Nueva York.
Mariana dejó
caer la carta en el suelo. Sentía náuseas y una horrible culpa. ¿Cuántas
veces, durante los últimos seis años, había deseado que Natalie no existiera?
¿Cuántas veces había rezado pidiendo, que, al despertar, descubriera que todo
había sido una pesadilla? Sólo ahora podía admitir la frecuencia de tales
pensamientos, que solían aparecer cada vez que tenía que decirle a un hombre
que ser modelo no significaba estar dispuesta a acostarse con cualquiera. Mariana
nunca deseó su vida actual. Ser modelo fue algo que tuvo que imponerse, un
medio de salvar su orgullo y su dignidad. Y también un medio de... ¿de qué?
¿De escapar de su tristeza?
No, no por
completo. En el fondo, Mariana creía que, al irse, de alguna manera le estaba
dando algo al niño de Natalie que aún no había nacido... al hijo de Peter.
Aquel niño que debió haber sido suyo.
Poco después
sonó el teléfono. Y al oír el acento neoyorquino de Benjamin, Mariana alejó de su
mente los recuerdos.
—Benjamin,
todavía no estoy lista —se disculpó. Había perdido el poco interés que tenía
de salir con el impetuoso neoyorquino, que había conocido hacía tres semanas.
Alto, rubio, bien parecido, conocedor de su atractivo,
Benjamin la había buscado
desde el día en que llegó a Nueva York. Mariana tenía la certeza de que él
estaba convencido de que al final lograría atraparla. Sin embargo, ella tenía
otras ideas. A pesar de que
Benjamin era encantador, no podía llegar a su alma.
Ningún hombre la había tocado, desde Peter.
Diez minutos después, estaba en el vestíbulo con
Benjamin . La imagen
serena que había adquirido con el paso de los años, ocultaba su angustia
interior.
Iban a cenar
con un socio de los negocios de
Benjamin , quien quería exhibirla, como un niño lo
haría con un juguete nuevo. Era la actitud a la que ella ya se había
acostumbrado.
espero que les guste nos leeremos mañana @pupy_angelita
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