traductor

English plantillas curriculums vitae French cartas de amistad German documental Spain cartas de presentación Italian xo Dutch películas un link Russian templates google Portuguese foro de coches Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

miércoles, 7 de marzo de 2012

novela: triunfo del amor

     Cuando hirvió el agua llevó una bandeja con café al cuarto de Peter, pero ella se lo tomó en la cocina y luego fue a buscar a los perros. estaban encerrados en una gran perrera. La reconocieron inmediatamente, saludándola con ladridos de bienvenida y moviendo la cola sin cesar. Lali los dejó libres y salieron corriendo locos de felicidad por estar sueltos. Los llamó para darles una vuelta por el jardín de la casa para que Peter pudiera verlos desde la ventana.     Había un pequeño bosque que no estaba lejos de la mansión y las hojas de los árboles empezaban a amarillear por el otoño. Era un lugar en donde Peter y ella solían llevar a los perros a pasear. Los dos animales corrían hacia allá con alegría, metiendo el hocico en las madrigueras de los conejos, ladrando por todo y recuperando su paraíso perdido. Después de media hora, Lali los llevó a la casa, les limpió las patas y los condujo al dormitorio de Peter, que ya estaba solo.

    —¿Quién diablos los ha dejado...? —Peter se interrumpió al oír los ladridos de los perros y se tuvo que poner las manos en la cara para evitar sus lametazos.

     Lali los dejó solos mientras iba al cuarto adyacente para preparar el equipo de terapia. Cuando regresó, Peter acariciaba a los perros con una expresión de agrado que desapareció al darse cuenta de que su ex mujer se acercaba.

    —Supongo que habrá sido tu idea dejarlos venir aquí —replicó.

    —Sí. Han estado encerrados en la perrera para que no te molestaran. Pero no veo motivo para que se les haga sufrir sólo porque insistes en que te traten como a un inválido.

    Peter iba a protestar, pero tuvo que capitular.

    —No, tienes razón. No debieron encerrarlos. No lo sabía.
    —¿Te molestaste en preguntar? —le aguijoneó de forma deliberada.
    —Tenía otras cosas en la cabeza —contestó tenso.
    —¿Cómo apiadarte de ti mismo?
    —Como tratar de acostumbrarme a... lo que me he convertido.
    —Querrás decir a lo que tú te has condenado. No eres un inválido, Peter. Eres un convaleciente. Y si no sabes lo que eso significa, te lo explicaré: significa que te estás recuperando. Pero la rapidez de tu recuperación sólo depende de ti, y del empeño que en ello pongas.

    Peter se burló de ella.

    —¿Qué es esto? ¿Tu primera sesión para levantar ánimos? ¿Que no te lo han dicho? Nunca podré volver a andar, ni conducir. Debes estar muy contenta.
    —¿Por qué?
    —Porque siempre quisiste que abandonara las carreras.
    —Sí, deseaba que las dejaras, no que tuvieras que hacerlo. Sobre todo no en esta forma —señaló la chica.

    Él la miró un momento, pensativo, pero antes de que pudiera decir algo, Lali llamó a los perros y los sacó del cuarto.

    —¿Ahora qué? —inquirió con cansancio cuando volvió.
    —Ya es hora de hacer un poco de terapia —señaló el carrito en donde pitaba el equipo.
    —De ninguna manera. Contigo no.
    —está bien —salió del dormitorio y volvió con una amplia carpeta en las manos—. Entonces será mejor que veas esto.

    Lali abrió la carpeta y dejó que varios folletos de colores cayeran en la cama.
    —¿Qué es? —inquirió él con sorpresa.
    —Míralo tú mismo. Son folletos con fotografías y detalles de sillas de ruedas, elevadores, levantadores de camas, bañeras especiales... y todas esas cosas. Escoge lo que quieras yo lo pediré para que te lo traigan.

    —No quiero esto —Peter los barrió con el brazo y tiró casi todo al suelo.

    —No seas tonto, claro que lo quieres. Has decidido quedarte como un minusválido, ¿no? Debes tener una silla de ruedas y demás. Los inválidos tienen elevadores que los meten y sacan de la cama y del baño. La mayor parte de sus cuerpos sólo es una masa inútil que tiene que ser arrastrada. Y como tú te empeñas en quedar como un lisiado, vas a necesitar todas estas cosas —Peter la miró en silencio y con ganas de matarla, y Lali prosiguió—: Eres un hombre corpulento, Peter, pesado. ¿No esperarás que Agus y yo, o Claudia, nos rompamos la espalda levantándote el resto de tu vida? Bueno, con el tiempo te volverás más ligero, claro, y tus piernas se atrofiarán, pero los incapacitados suelen vivir una larga vida. Aunque no eres un parapléjico... sólo un inválido voluntario.

    —Dios, de verdad debes odiarme —dijo Peter con dureza—. Dime qué es lo que he hecho para que te hayas vuelto tan sádica. Me gustaría mucho saberlo.


vastante largo recompenza por aver subido tarde mil perdones 

porfis comenten aca o en twitter: @pupy_angelita veo muchas visitas pero 2 o tres firmas nomas

martes, 6 de marzo de 2012

novela: triunfo del amor

 COMO de costumbre, Agus fue a ver a Peter para darle el desayuno y arreglarle. Lali había prometido cambios y no perdió el tiempo para llevarlos a cabo. A las diez, fue al cuarto de Peter, acompañada de Agus y Claudia.

    —Buenos días —le saludó fríamente y luego se dirigió a Agus—. esta cama es demasiado ancha y baja. Necesito una individual que podamos colocar sobre bloques de madera para hacerla más alta. Si no tendremos que alquilar una cama de hospital. Eso sería mejor, claro, pero...

    —Ya estoy harto de camas de hospital —interrumpió Peter—. Y ésta está muy bien.
    —Hay una individual en el cuarto de huéspedes —recordó Claudia—. ¿Valdrá?
    —Ah, sí, ya recuerdo. ¿Puedes buscar unos tacos de madera, Agus?

    Sin atender las protestas de Peter, durante la siguiente hora todos estuvieron muy ocupados cambiando las camas, y la parte más difícil fue levantar a Peter y ponerle en una silla mientras efectuaban el cambio. Las maldiciones cesaron de súbito. Lali le miró a la cara y vio que estaba tenso por el esfuerzo de ocultar un dolor agudo, pero no dijo nada. Peter se apoyó contra el respaldo, con el rostro pálido por el dolor. Abrió los ojos lentamente, apretó los dientes y sus nudillos se volvieron blancos mientras se asía con fuerza de los brazos de la silla.

    Lali se volvió, pues no podía soportar verle así, y de nuevo retomó su actitud fría, pero tenía la cara casi tan pálida como Peter.

    Se forzó a no mirarle otra vez hasta que la nueva cama estuvo lista. Luego fue a su lado y le puso un brazo alrededor y el otro bajo las rodillas esperando a que Agus le cogiera por el tórax. Peter no la miraba pero ella notó que se estremecía y que contenía el aliento. Por un momento, Lali pensó que le había hecho daño, pero hubo
algo en su repentina rigidez que la hizo darse cuenta de que Peter no sentía dolor. Los ojos de Lali se agrandaron y antes de que pudiera pensar algo, llegó Agus y tuvo que concentrarse en llevarle lo mejor hasta la cama.

     La operación resultó más sencilla de lo que pensaba y pronto estaba sobre las almohadas, a una altura adecuada para que Lali pudiera darle terapia con comodidad, y que él pudiera ver el jardín. Con la voz un poco temblorosa, comentó:

     —Creo que todos merecemos una taza de café después de esto.  Bajaré a prepararlo
 Corrió a la cocina. Quería estar sola para darle oportunidad a Peter de que se. recuperara. ¿Había sido un temblor de reconocimiento el que había sufrido Peter? ¿Por qué no? El que estuviera inválido no significaba que hubiese perdido su apetito sexual. Y debía haber pasado mucho tiempo desde la última vez que él hiciera el amor. Lali se preguntó si Peter había tenido aventuras con muchas mujeres desde su divorcio; no había tenido noticias que le relacionaran con una chica, pero, sabiendo lo viril que era, no dudaba de que hubiera habido otras mujeres, aunque ninguna desde el accidente, pensó con cinismo. Pero la idea de que se sintiera perturbado por ella, después de tanto tiempo y de todo el odio que sentía por Lali... era algo estremecedor. Desde el punto de vista físico, podría ser un buen signo, pero para Lali, sabiendo que tenía que quedarse allí para cuidarle, aquello sólo podría complicar las cosas y sus emociones.


comentarios aqui o por twitter: @pupy_angelita

lunes, 5 de marzo de 2012

novela: triunfo del amor

    Había luz debajo de la puerta de Peter, una hora después cuando Lali subió a acostarse. Llamó y entró. Él la miró y luego miró al techo. Ella revisó la lista de las medicinas y le iba a tomar el pulso, pero Peter metió el brazo bajo la sábana.

    —¿Necesitas algo?
    —No —replicó Peter.
    —¿Has tomado una píldora para dormir?
    —No.
    —¿Quieres una?
    —Ya he dicho que no —dijo con brusquedad.
    —Como quieras —Lali volvió a conectar el timbre y puso el interruptor donde Peter pudiera alcanzarlo con facilidad—. esto sólo es para emergencias, ¿de acuerdo? No para que esclavices a todo el mundo con tu terquedad. Y si piensas tenerme en vela toda la noche con esto, recuerda que también despertarás a Claudia. Y ella se merece mejor trato de tu parte.

    Él no contestó, sólo la miró con furia. Lali se dirigió a su cuarto y dejó las puertas entreabiertas.

    Lali habría tomado con gusto un somnífero. Se sentía muy rara de nuevo en la casa donde Peter y ella habían sido tan felices. Y también resultaba doloroso. Pero los recuerdos felices prevalecían. Aquellos primeros años que estaban tan enamorados y tan ansiosos de demostrarse amor. Lali se encendió al recordar esas noches de pasión. Y no sólo en la casa, sino también en el bosque, con la luna que iluminaba sus cuerpos y el sol que los bañaba con su calor.

    ¿Acaso Peter jamás abrazaría otra vez así a una mujer, llevándola a las cumbres de la excitación? Sí, quizá algún día, si ella podía devolverle la dicha de vivir. Pero no sería Lali. La odiaba tanto que ni siquiera soportaba tocarla. Ella podría devolverle el entusiasmo por la vida, pero sería para el amor de otra mujer. Pero estaba bien, siempre y cuando él fuera feliz y se mantuviera vivo.

    Algo la despertó más tarde y Lali se sentó en la cama y escuchó. Miró el reloj, eran las dos de la mañana. Encendió la luz, se puso la bata y se dirigió al cuarto de Peter descalza. A media noche le había visto pero estaba dormido. Ahora, yacía despierto, boca arriba y tenía los brazos extendidos con rigidez sobre la colcha y las manos cerradas, maldiciendo una y otra vez al destino que lo había dejado inválido.

    Lali se quedó en el umbral, preguntándose si debía irse y dejarle solo, pero decidió que su violento enojo podría desahogarse mejor.

    —¿Te compadeces de tí mismo? —preguntó con calma.
    —Lárgate —se quedó inmóvil inmediatamente.
    —Deberías haber tomado una píldora para dormir.
    —Vete —gruñó.
    —¿Quieres que te dé la vuelta?
    —¡No!
    —¿Quieres hablar?
    —¿Contigo? En absoluto —se burló Peter.
    Lali se dirigió hada el otro lado de la cama y él la siguió con la mirada.
    —Pensaba que ibas a pintar la casa este año —dijo Lali por hablar de algo—. Deben haber pasado tres o cuatro años desde la última vez que pintaste. La casa empieza a parecer descuidada.

-Lo que haga con la casa no es asunto de tu maldita incumbencia.
    —¡Cuántas maldiciones! —le reprendió acercándose a la cama—. ¿Y qué bien te hace? ¿Crees que estar ahí tumbado maldiciendo te va a servir de algo?
    —Me hace sentir mejor, maldita seas —se interrumpió, al darse cuenta de que había vuelto a vociferar.
    —No es cierto. Nada te hace sentir mejor, Peter, porque no quieres que nadie te ayude; sólo quieres estar tendido allí y regodearte con tu propia desdicha.
    —Maldi... —Peter extendió hacia ella su mano izquierda, pero Lali se alejó un poco. 
    —Eres un cobarde —le criticó—. Siempre he pensado que eras el hombre más valiente que conocía, pero no eres más que un redomado cobarde. Ésta es la primera vez que te hieres y...
    —¡Cállate! —gritó Peter cogiéndole la muñeca echando el cuerpo hacia delante—. ¡Maldita perra! ¿Qué diablos he hecho para merecer esto? Volviste un infierno mi vida, pero no dejaré que lo hagas de nuevo, ¿me oyes?

    Él hundió los dedos en la muñeca de Lali y la lastimo aunque estaba débil. Lali inhaló con fuerza y dijo:

    —Pero no puedes detenerme. Como muy bien dijiste, estás a mi merced. Y puedo decirte y hacerte todo lo que quiera.
    —No estés tan segura —ejerciendo toda su fuerza, tiró de ella hacia él, y los músculos de su cuello se tensaron al sentir la resistencia de la chica.
Ella le dejó proseguir hasta que vio que el sudor perlaba su frente y le dijo:
    —¿Qué estás tratando de probar, Peter? Bien, me has cogido. ¿Y qué? Me puedes hacer un poco de daño —le miró con desafío—, pero yo te puedo herir mucho más.
    La miró con furia.
    —Si lo haces, pondré estas manos alrededor de tu hermoso cuello y te ahorcaré. ¡Maldita sádica...!
    Lali de pronto se liberó, jadeante y se burló de él.
    —Recurriendo a la violencia física. ¡Qué distinto del Peter Lanzani civilizado y seguro de sí que todos conocimos y amamos! O por lo menos, que algunos de nosotros amamos —se rió para ofenderle—. No tienes el valor de enfrentarlo; ¿verdad? Has estrellado tu coche, Peter. Eso es todo lo que ha pasado... un accidente automovilístico, no el fin del mundo —Peter trató de cogerla de nuevo pero ella retrocedió y se burló de él—. Y tuviste suerte, ¿verdad? estás vivo. Recuérdalo la próxima vez que vayas a compadecerte de ti mismo.

    —Te haré pagar por esto —replicó Peter—, aunque sea lo último que haga.
    —Es probable —le retó y se rió—. Pero por lo menos ya no podrás molestarme en un aspecto.
    —¿Qué quieres decir? —frunció el ceño, intrigado.
    —Que ni Agus ni yo vendremos a darte la vuelta jamás. Lo acabas de hacer tú mismo.

    Peter la miró fijamente y abrió aún más los ojos. Lali salió del cuarto rápidamente.


mañana empiezo las clases por lo tanto lo mas seguro es que ya no suba todos los dias espero sus comentarios aqui o en twitter: @pupy_angelita

domingo, 4 de marzo de 2012

novela: triunfo del amor

     Apretó los pétalos en su mano y los arrojó lejos. Eso era el pasado, y había terminado. Lo único que importaba en ese momento era que Peter se recuperara y cuanto más pronto, antes podría ella irse para volver a la nueva vida que se había construido.

     Más tarde, Lali ayudó a Claudia a preparar la cena, pero se negó a acompañarla cuando la señora se dispuso a cenar con su hijo.

     —No cena con él tú. Es probable que ya esté harto de mí por hoy —se sentó a ver la televisión, hasta que Claudia bajó—. ¿estaba muy enfadado por haberme traído? —inquirió Lali.

     —Mucho. Pero le he dicho la verdad. Le he explicado que ya había tratado con todas las agencias de enfermeras, pero que las trató tan mal que nadie querría venir a cuidarle. Lo que no me dejó más -opción que recurrir a tí. Pensaba que me iba a preguntar por qué aceptaste, pero no lo ha hecho. Parece que tiene ya sus propias ideas al respecto.

     Fueron a la cocina para lavar los platos y todavía estaban allí cuando bajó Agus para decirles que Peter estaba listo para dormir.

     —¿Tan pronto? —Lali miró el reloj de la cocina con sorpresa—. Pero apenas son las nueve y media.
     —Sí, pero no duerme muy bien —le explicó Claudia—. Esta despierto casi toda la noche. Con frecuencia le oigo moverse y veo su luz encendida.

     Lali los miró y dijo con firmeza:

     —Creo que será mejor que hablemos de esto. Conseguir que Peter vuelva a andar va a ser una lucha, y las batallas se ganan con más facilidad cuando se tiene una estrategia bien planeada. ¿No es cierto, Agus? Tú fuiste soldado.

     Él sonrió a su pesar y asintió.
     —Me parece que es sensato.
     —Bien. Entonces, empecemos —Lali se sentó a la mesa de la cocina y los demás la imitaron—. Lo primero que quiero saber es dónde están Thor y Zeus —inquirió la chica nombrando a dos perros de Peter.
    —Los tengo en una perrera cerca del garaje.
    —No queríamos que ladraran y molestaran a Peter —añadió Claudia—. Pueden resultar agotadores cuando se está enfermo.
    —Sí, pero él no lo está. Sólo está incapacitado. Y tenemos que convencer a Peter de eso también. Tenemos que mostrarle que la vida sigue a pesar suyo, y que es tan agradable e interesante que sería mejor que se reuniera con ella otra vez.

    —Lali, ¿de verdad crees que podemos convencerle? —inquirió la señora con esperanza.

    —Tenemos que intentarlo. Y para empezar, traeremos a los perros. Y tú dejarás de andar de puntillas y encenderás la radio, Claudia. Siempre oías música y no vas a dejar de hacerlo ahora... y cuanto más alta, mejor —añadió la chica—. este lugar está demasiado silencioso, tenemos que animarlo. No te preocupes si le molestas o si le despiertas; se supone que debe dormir de noche, no de día. Ahora, ¿qué pasa con las visitas?

    —No quiere ver a nadie —contestó Claudia, triste.

    —¿A nadie? ¿Ni siquiera a sus amigos pilotos?

    —Algunos fueron a verle al hospital, pero como Peter se negaba, dejaron de ir. Es natural; tienen sus vidas y casi siempre están fuera del país durante el verano —explicó Agus.

    —Bueno, debemos hacer que los amigos vengan de nuevo. Y no se lo preguntaremos, sólo los haremos pasar. Y cuanto más jóvenes y fuertes, mejor. Así verá lo que se está perdiendo —Lali miró a su ex suegra—. ¿Y qué hay de ti. Claudia? Solías invitar a tus amistades aquí y divertirte. ¿Todavía lo haces?

    —Oh, no, no creo que sea correcto —se interrumpió y asintió—. Sí, ya entiendo, los llamaré y veré si puedo organizar una partida de cartas para mañana por la noche.

    —Bien. E invita a alguien que se ría con fuerza. Quiero que Peter sepa lo que está ocurriendo.

     Claudia sonrió y los ojos le brillaron. Lali se volvió hacia Agus.

    —¿Y qué hay de esos veteranos fanáticos de los coches con quienes ibas al bar de aquí? Peter solía ir contigo y tomarse una copa con ellos, ¿no?

    —Sí, pero no lo ha hecho desde... bueno, desde antes del accidente.

    Lali adivinó que iba a decir que desde el día que ella dejó a Peter, y se mordió el labio para luego continuar con firmeza.

    —En ese caso, tienes que ir. Trata de que vengan a tomarse una copa con Peter la semana próxima, por favor —Agus asintió y ella se reclinó contra el respaldo—. Bien, haremos todo eso para empezar. Y si se molesta, échenme a mí la culpa.

    —¿Pero podrás soportarlo? —Claudia la miró de frente—. Necesitarás mucha fortaleza... sobre todo si todavía te importa él.

    Lali se levantó y puso las manos en la mesa.

    —Entonces será mejor que me muestre desapegada y fría, ¿verdad? —sugirió la chica.


comentarios aqui o en twitter: @pupy_angelita

sábado, 3 de marzo de 2012

novela: triunfo del amor

-Has cambiado —dijo él recostándose en las almohadas
   -Si quieres decir que ya no me puedes lastimar, entonces sí, he cambiado -le miró el perfil y se preguntó si Peter realmente pensaba que había venido en un acto de venganza—. Si quisiera reírme de tí,  hubiese ido al hospital justo después del accidente.

      Peter la miró y sonrió con cinismo, algo que le hacía muy atractivo.

      —Ah, pero si hubieras ido allí, habría parecido que te preocupabas por mí. Como si te importara. Y por nada del mundo querías que yo o que nadie pensara eso, ¿verdad? No, cinco meses es tiempo suficiente para que sepa que estas aquí sólo por venganza.

      Lali le hubiera dicho que ni en ese momento podía soportar  verle herido, pero guardó silencio. No era el momento oportuno. No,  si el odiarla hacía que empezara a luchar. Se volvió, al imaginar que  quizá nunca llegaría ese día. Se dirigió al televisor y lo encendió.

      —Creo que hay un torneo de criquet, en Australia.
      —No quiero verlo.
      —Qué lástima —dijo Lali sin piedad y cogió el mando a  distancia antes que él. Lo colocó en una mesa a tan sólo unos centímetros de la mano de Peter. Si realmente quería, podría apagar el televisor. Pero para hacerlo, tendría que usar los brazos y girar el cuerpo. Y si podía hacer eso...
      Peter la maldijo y ella salió del cuarto y bajó por la escalera haciendo mucho ruido... luego volvió a subir en silencio para pegar la oreja en la puerta. Había dejado el volumen del televisor bastante alto, así que no podía oír nada más; después de un cuarto de hora, empezó a perder la esperanza. Quizá le interesaba el criquet después de todo. Pero, ¿no querría apagar el aparato tan sólo para molestarla? Pasaron cinco minutos y Lali ya se había desilusionado, cuando un silencio absoluto se hizo en el dormitorio. Lali bajó por la escalera con una amplia sonrisa en la cara.

     Claudia que ya estaba en casa, salió del cuarto de estar al oír el ruido de las pisadas de Lali y miró a la chica con curiosidad.

     —¿Qué pasa?
     —Esta empezando a luchar —respondió Lali con gran alegría—. Le he enojado tanto que ha comenzado a luchar tan sólo para contradecirme.
     —¿Tan pronto? ¡Eso es maravilloso!
     Lali dejó de sonreír al advertirle:
     —No te emociones tanto. Peter no es tonto y tarde o temprano se dará cuenta de lo que pretendo. Entonces es probable que no vuelva a intentar nada. Esperemos que para entonces desee seguir luchando por su propio bien.

     Ambas tomaron el té en el cuarto de estar y Lali dijo:
     —Si no te importa, me gustaría pasear por el jardín.
     —Claro que no. Sabes que no necesitas pedírmelo. Me... gustaría que sintieras que éste sigue siendo tu hogar. Mientras... mientras estés aquí —añadió Claudia con torpeza.
     —Gracias —sonrió la enfermera—. Me gustaría... mientras esté aquí.
     Para ocultar su inquietud. Claudia se puso de pie.
     —Voy a ver a Peter un rato.
     —Que no te sorprenda si esta enfadado contigo —le advirtió—.Te culpará por haberme traído aquí.
     —No te preocupes —Claudia sonrió—. Si tú puedes ser dura, yo también lo seré.
     —¡No! No, eso no funcionaría —añadió Lali con más calma—. Todo su odio debe dirigirse hacia mí. Debes seguir siendo amable y consintiéndole. Lo único que debes hacer es no cuestionar lo que yo hago, eso es todo.

     Habían pasado dos años desde que Lali vio Las Hayas por última vez, pero el jardín no había cambiado. Quizá las flores no estaban tan bien atendidas, pero el jardinero mantenía el césped y los arbustos bien podados. Siempre le había gustado el jardín y Lali se regocijó al ver que los arbustos y las flores que ella había plantado estaban muy crecidos. El prado descendía hacia otro más pequeño donde había muchas rosas. Eran un regalo de Peter por el aniversario de bodas, ya que una vez le había dicho que le gustaban las rosas. Pensaba que Peter en un arranque de furia y orgullo dolido, las habría arrancado, pero los rosales seguían allí, aunque ya sólo quedaban unas cuantas flores marchitas iluminadas por el sol poniente de septiembre. Lali cogió una rosa para olería pero la flor se deshizo al, tocarla   y   le   dejó   en   la   palma   un   montoncito   de   pétalos   sedosos.    Es como nuestro matrimonio, pensó. Pleno y hermoso por un breve tiempo, para luego deshacerse y morir.

comentarios aqui o en twitter: @pupy_angelita

viernes, 2 de marzo de 2012

novela: triunfo del amor

    Al recordar cómo se comunicaban cuando estaban casados Lali levantó el auricular y apretó el botón, pues sabía que Peter tenía un teléfono al lado de la cama. Después de unos momentos, él descolgó y dijo con suavidad.

    —Sube.
    —¿Por qué? ¿Qué quieres?
    —Tengo que decirte algo.
    —Entonces dímelo —replicó la chica.
    —Ya me has oído, sube aquí ahora mismo —Peter colgó con fuerza.
    Lali encendió el radio, puso el volumen bastante alto y siguió tecleando mientras el timbre taladraba sus oídos durante cinco minutos más- Luego subió al cuarto de Peter tarareando una canción como si  nada  en  el  mundo  le  preocupara.

      Peter estaba sentado en la cama apretando el timbre. Canturreando, Lali encontró los cables del timbre y lo desconectó.

    Luego, salió del dormitorio.

    —Espera, ¡maldita sea!

 La voz furiosa de Peter siguió a Lali al bajar por la escalera, pero lo ignoró y le agradeció a su buena estrella que Claudia hubiera salido de compras. Empezó a mecanografiar de nuevo, apretando con fuerza las teclas de la vieja máquina y esperó que el teléfono sonara.

 Por fin sucedió, pero Peter tuvo que esperar a que terminara de hacer una copia del horario.

—¿Qué diablos haces en mi estudio? —exigió él.
—Escribiendo a máquina.
—Ya lo sé. No tienes ningún derecho a estar allí.
—Tu madre me ha dicho que puedo ir a donde quiera.
—Me importa un bledo lo que ella diga. Ésta es mi casa, no la suya, y no quiero que tú estés en ninguna parte.
—¿No quieres saber lo que estoy escribiendo?
—No —contestó y Lali pudo notar su furia contenida. Era una emoción saludable, pues le hacía hablar.
—Bueno, lo verás de todas formas. ¿Para qué llamabas?
—Para decirte que te largues de mi estudio, de mi casa, de mi vida. No perteneces a este lugar —protestó.
—Quizá no, pero ya hemos visto que no puedes hacer nada al respecto, así que, ¿por qué insistes? —le dijo Lali, directo—.  Bien, si eso es todo...
—No —Peter jadeaba con amargura e impotencia—. No puedo descansar con ese ruido. Apaga la radio y deja de teclear.
—¿Por qué quieres descansar? Apenas es la tarde. ¿Por qué no lees, ves la televisión o haces algo?
—Porque no quiero, ¡maldita sea! Ahora, apágalo.
—No. Si tú quieres terminar con el mundo, yo no tengo por qué  hacerlo. Eso es música bonita, deberías escucharla —comentó la joven.
—No me digas lo que debería hacer. Dile a mi madre que venga.
—Lo siento, ha salido de compras. Y Agus esta descansando, antes de que lo preguntes. ¿No crees que merecen tiempo libre después del trabajo pesado que es cuidarte? —Lali colgó cuando él no contestó.

     Al terminar de escribir. Lali permaneció en el estudio con la radio encendida y escribió una carta a sus padres para hacerles saber que pitaba en Las Hayas por motivos puramente profesionales. Su madre había sido muy desdichada con el divorcio y Lali no quería que pensara que Peter y ella volverían a estar juntos. Encontró un sobre pero no sellos, así que empezó a revisar los cajones del escritorio. El penúltimo estaba atascado, pero pudo abrir el de arriba y se dio cuenta de que el marco de una fotografía había impedido que el otro se abriera. Lali cogió el marco sabiendo lo que iba a ver. Era una foto de su boda... no una oficial, sino una hecha por un amigo en
el momento en que los novios se habían mirado a los ojos, con expresión de amor y las cabezas altas, confiados en su felicidad eterna.

     Lali la metió en el cajón y lo cerró. Los ojos se le llenaron de lágrimas pero se las enjugó con furia; había dejado de llorar por Peter hacía ya tiempo y no empezaría de nuevo. Miró su reloj; media hora después subiría a verle.

    Yacía bocarriba con los párpados cerrados. Casi todas las almohadas estaban en el suelo y Lali supuso que las había lanzado en un arranque de ira. Ignoró el desorden, fue a la mesa de las medicinas y midió una dosis de los antibióticos que tenía que tomar, mirando las indicaciones que alguna de las enfermeras había pegado en la pared.

    —Sé que estas despierto —dijo junto al lecho.
    Peter abrió los ojos y la miró con maldad.
    —Así que no era una pesadilla —expresó con sorna.
    —Me temo que no —respondió al ataque con alegría—. Soy real.
   —¿Siempre dejas a tus pacientes abandonados tanto tiempo?
    —Depende del enfermo. Si me necesita, me quedo.
    —Yo no te necesito. Eres la última persona a quien recurriría —lo dijo con tanto veneno que por un momento Lali casi pierde  la compostura. La chica contuvo el aliento pero pudo decir con  aparente tranquilidad:
      —Te toca la medicina.
      —No la quiero.
      —Ah, vamos —dijo con dulzura fingida-. ¿También voy a tener  que cantarte una nana esta noche?
      Peter la miró con ganas de matarla y cogió el vaso con la medicina  para bebérselo de un trago.

      Lali se volvió para que no pudiera verle la cara, y recogió las  almohadas para ponérselas bajo la espalda.

      —¿Necesitas algo más?
      —No -dijo Peter y ella se dirigió a la puerta. Cuando pitaba  cogiendo el picaporte, él prosiguió-. ¿Por qué has venido aquí?
      —Ya te lo he dicho, necesitaba el trabajo.
      —No digas sandeces—la examinó un momento y continuó— No importa; sé por qué estas aquí.
     —¿De verdad? No creo.
     Él se rió de pronto y su risa congeló a Lali.
     —Oh, si. El que hayas venido aquí es una forma de decirme «Te lo advertí». Siempre decías que un día tendría un accidente y, ahora que lo he sufrido, has venido a reírte, a demostrarme que tenías razón —Lali iba a protestar, pero Peter continuó—: Bueno ¿qué se siente al verme así? ¿Te satisface que ya no pueda volver a las carreras? Eso es lo que siempre quisiste, ¿no? que dejara las pistas ¿Te complace hundir el cuchillo en la herida? ¿Que esté a merced tuya? Y bien. ¿Te gusta, maldita sádica?

     Ella se enfureció y caminó hacia la cama, pero vio los ojos brillantes de su ex mando y se dio cuenta de que trataba de hacerla enojar de forma deliberada. Lali se detuvo y sonrió.

    -Buen intento. Pero no tienes práctica. Solías ser mucho más sutil cuando querías hacer daño.

comentarios aca o en twitter: @pupy_angelita

jueves, 1 de marzo de 2012

novela: triunfo del amor

—Creo que esto merece una celebración. Vamos a tomar algo—sugirió la señora enjugándose los ojos. Fueron al cuarto de estar y Claudia preparó las bebidas—. Eres el único rayo de esperanza que me queda.

Empezaron a hablar de mujer a mujer, y la vieja relación que la había hecho precavidas al principio, se volvió cosa del pasado. Minutos después las interrumpió un timbre que sonaba con fuerza en toda la casa.

    —Ése es Peter. Necesitará algo —Claudia se levantó de golpe.
    —Siéntate, no te preocupes.
    —¿Vas tú? —la señora se sentó de nuevo.
    —Sí —el timbre volvió a sonar con impaciencia, y Claudia miró a Lali con ansiedad.
    —¿No vas a verle?
    —Los inválidos son como los niños. Claudia —dijo negando con la cabeza—. Creen que el mundo debe girar en tomo a ellos y que si quieren algo deben dárselo en seguida. Como verás, sólo piensa en eso. Voy a subir, pero con calma.

    Después de unos minutos, Peter dejó el dedo pegado en el timbre. Lali, furiosa, subió al cuarto.

    —¿Qué quieres? —inquirió con brusquedad.
    Peter dejó de apretar el timbre y la miró con un brillo de triunfo en los ojos.
    —Para empezar, a ti no.
    —Bien —Lali se dirigió a la puerta.
    —¡Espera!
    La chica hizo una pausa y le miró de nuevo.
    —¿Has cambiado de idea? —se burló.
    —Mándame a Agus —Peter apretó la mandíbula.
    —Esta bien. A partir de ahora si me llamas a mí, toca el timbre una vez; si llamas a Agus, dos veces.
    —Tocaré el timbre tantas veces como quiera.
    —En cuyo caso, lo desconectaré y ya no vendrá nadie hasta que lo creamos necesario —le dijo Lali con dulzura y miró el cuarto—. Y mañana haremos aquí algunos cambios —con esa réplica, salió del dormitorio.

    Agus estaba en el garaje, lavando el Ferrari que no tenía ni una pizca de polvo en la superficie rojo brillante. Era una tarea inútil; Peter nunca lo conduciría de nuevo y no dejaría que nadie lo usara, pero Lali no comentó lo que pensaba cuando le dijo a Agus que le llamaba Peter.

    Cuando el mecánico bajó del dormitorio de Peter, media hora después, Lali le llamó desde el cuarto de estar, sentada tras un escritorio con una pila de papeles delante.

    —¿Planeamos el horario ahora?

    Él aceptó a regañadientes, pero cuando vio que Lali mantenía gran parte de la rutina que llevaba, empezó a suavizarse un poco.

    —Le levanto todas las mañanas a las ocho y media —explicó el hombre.  Entonces la señora Lanzani le lleva el desayuno y si no esta, la señora Campbell lo prepara y se lo llevo yo.

      La señora Campbell era el ama de llaves que había trabajado para la familia durante años, mucho antes de que Agus fuera el mecánico de Peter. Pero durante el matrimonio, la mujer se había ido a vivir a Uxton, aunque había mantenido lazos con la familia ayudándoles cada vez que la necesitaban.  Después la señora Campbell había vuelto para trabajar a tiempo completo, aunque ese día no estaba en la casa.

    -Le llevo la comida –prosiguió Agus-. Y luego... le cuido y a veces me quedo un rato con él. Por la tardes, antes de la cena, le doy un baño con una toalla y ...

   -¿De verdad? –le interrumpió Lali sorprendida-. Dios mío, no sabía que fueras tan versátil. ¿En dónde has aprendido a hacer todo eso?

   -Me enseñó una de las enfermeras –contestó sombrío-. Pit no la soportaba. Decía que había aprendido enfermería con la inquisición española. Así que yo le he atendido desde entonces-finalizó.
   -Tiene mucha suerte de que estés con él –dijo ella con amabilidad.

    —Peter no quiere que nadie, salvo yo, se le acerque.

   -No... pero yo no soy cualquiera, ¿verdad Agus? –Lali le sostuvo la mirada. No esperó a que él replicara y continuó-. Bueno, ¿quién le lleva la cena?

-La señora Lanzani suele llevársela y cebar con él. Suele quedarse con su hijo por la noche, o si no, me quedo yo y le preparo para que duerma –hizo una pausa y luego añadió-: A veces Peter no quiere que nadie le acompañe. Y claro, si quiere que yo esté aquí durante el día, subo y le veo. Y si no hay ninguna enfermera, entonces voy un par de veces por la noche para darle la vuelta.

   -Así que trabajas más o menos veinticuatro horas al día. Bueno, eso no seguirá así. Debes estar exhausto. Porque vivas aquí no tienes que estar todo el tiempo disponible. Tienes derecho a tener un poco de tiempo libre.

Él empezó a protestar pero Lali fue tajante.

     —Peter tiene que intentar ser autosuficiente. Si sabe que irás corriendo cada vez que quiera algo, nunca hará las cosas solo. Hay que ser duro para ser eficaz. Tenemos que sacarle de su apatía, Agus —no parecía muy convencido, así que le preguntó—: ¿Quieres seguir cuidando los coches que quizá nunca vuelva a conducir?

     —Se pondrá bien —protestó el mecánico—. Sólo es cuestión de tiempo.
     —No, así no. Ya se ha dado por vencido. Lo has visto, ¿no? Y si no sale de esto pronto, yacerá allí hasta la muerte.
     Él la miró y en seguida asintió.
     —Sí, quizá tenga razón. He estado esperando lo imposible. Me cuesta creer que se haya rendido.
     Así, planearon una nueva rutina y Lali hizo que Agus le prometiera que la cumpliría con rigidez durante la primera semana.
     —Ya no vas a ir corriendo a verle cada vez que te llame —le advirtió la joven—. Si de verdad te necesita, te lo haré saber.
     —Está bien —Agus hizo una mueca—. Me vendrá bien dormir una noche completa.
     Cuando se fue, ella se dirigió al estudio, sacó la máquina de escribir y empezó a mecanografiar el horario, golpeando las teclas tan fuerte como pudo, pues la habitación se hallaba justo debajo del dormitorio de Peter. El timbre sonó inmediatamente con un largo e imperioso zumbido.


comentarios aquí o en twitter: @pupy_angelita