mamá
me dijo que el Sr. Reynolds tenía una sorpresa para mí. Fui al Restaurant de la
Tía Mae después de la escuela y el Sr. Reynolds me dio las llaves del Cadillac
de su madre. Protesté, pero mamá me aseguró que a la Señora Reynolds le
gustaría que yo lo tenga.
Así
que ahora mamá me está llevando a la casa de la Señora de Reynolds en su
descanso. Ella me ayuda a abrir el garaje. Sonrío cuando veo el coche,
recordando el momento en que la Sra. Reynolds me ayudó a superar mi miedo a
conducir.
—¿Segura
que estás lista para hacer esto? —mamá pregunta.
—Sí,
estoy segura. Ahora vuelve a trabajar. Voy a estar bien.
—Mariana,
se que has sido tan fuerte últimamente, pero no sé si estás preparada para
esto.
Ha
llegado el momento de decirle cómo me siento. He estado tratando de retenerlo
dentro para no hacerle daño, cuando a la larga creo que voy a herirla más si no
digo nada. —Mamá, necesito algo de espacio —digo, para calibrar su reacción.
Ella me mira con escepticismo, pero puedo decir por la forma en que sus labios
están juntos en la concentración que está escuchando y tratando de entender.
Respiro
hondo y digo: —Yo sé que es difícil para ti. Ha sido increíblemente difícil
para mí... pero por fin estoy dispuesta a aceptar mi cuerpo y mis limitaciones.
Yo soy yo... la nueva yo. Puede que no sea perfecta, pero estoy bien con eso.
Es hora de que deje de tratar de escapar de mi vida, ¿no te parece?
Una
lágrima corre por la mejilla de mi madre. Ella me sonríe, esa cálida sonrisa
que llega a sus ojos. —El accidente tuvo una parte de ti alejada.
—Sólo
porque me lo permites.
Ahora
los dos estamos llorando. Le doy un largo abrazo.
Después
de unos minutos se sube en su coche y se aleja de la casa, dandome el espacio
que necesito. Tomando una respiración profunda, puedo escanear el patio. Y ese
trago amargo. El mirador está de pie como un castillo en medio de la hierba,
esbozado por los macizos de flores. Los bulbos que esperan pacientemente en
hibernación hasta que sea su tiempo para sacar la cabeza fuera de la tierra por
primera vez y vibrar a la vida.
Después
de ayer, me siento como si hubiera florecido. Tuve un romance y una anciana me
coacciono para salir de la hibernación, pero eso es pasado.
Cundo
voy hacia casa manejando con cuidado, veo a Peter en el Parque Paradise, en las
canchas de baloncesto. Me detengo para hacerle saber que no estoy molesta
porque me traicionó. Voy a superarlo. Puede ser que tome un tiempo, pero voy a
estar bien. Voy a tener novios y otras aventuras en la vida, otras veces voy a
ser capaz de sentirme confiada y despreocupada y feliz. Soy un sobreviviente. A
pesar de mi cojera.
Al
salir del coche tras recolectar todo mi valor, camino hacia él. Él me ve, pero
no deja de botar el balón.
—Peter
—lo llamo.
—¿Por
qué no me dijiste acerca de la señora Reynolds?
—No
tuve la oportunidad. Quería hacerlo —digo, dando un paso hacia él.
—Mejor
quédate atrás o podría empezar a acosarte.
Muy
bien, me merezco eso. Le di una bofetada y rechace su ayuda ayer. Pero eso fue
antes de que todo se acomodara en mi cabeza. —He oído que te metiste en
problemas. —¿Has venido acá para reírte o quieres retarme a un uno a-uno?
—dice.
—Sabes
que no puedo jugar.
Él
me mira de arriba a abajo sugestivamente. —Oh, tu juegas, Mariana Tal vez no.
Al Baloncesto, tus juegos son más complicados que eso.
—¿De
qué estás hablando?
Él
toma la pelota y la mantiene a su lado, da una breve carcajada. —No puedo creer
que tengas miedo de mí.
Me
muevo hacia adelante, dando un paso más cerca de él y poniendo el mentón en el
aire con confianza. —No te tengo miedo.
Se
pone de pie delante de mí con tanta confianza como yo le estoy mostrando.
—Demuéstralo. —¿Cómo? Lanza la pelota hacia el lado de la cancha y da pasos
hacia mí, cerrando la distancia entre nosotros. —Déjalo salir.
Mi
aliento se congela y el pánico se apodera de mí. —Yo... yo no sé lo que quieres
decir. —Yo creo que sí —dice, llegando tan cerca que casi se pueden sentir sus
emociones como si fueran las mías.
—¿Quieres
que te bese? —digo sin aliento.
—Me
has arruinado, ¿lo sabes, no? —dice justo antes de tenerme de puntillas y tocar
mis labios con los suyos.
Agarra
mi cintura y me jala cerca con lo que puedo sentir toda la fuerza y la longitud
de su cuerpo contra el mío. Mis dedos se envuelven alrededor de sus bíceps a la
vez. Estoy perdida en la protección de su abrazo y el olor y el sabor es único Peter Lanzani. Excepcionalmente... nosotros.
Cuando
nuestro beso se vuelve más intenso, tengo la sensación de un cambio en él. Es
difícil besarse, más a fondo. Él está enojado.
Tropiezo
hacia atrás y le empujo lejos de mí. —¿Qué estás haciendo?
Se
limpia la boca con el dorso de la mano. —Asegurarme de que te asusta. Es lo que
quieres, ¿no? Así que puedes reclamar ser la víctima.
Estamos
aquí de pie mirándonos fijamente el uno al otro. Controlador y controlado.
Perpetrador y víctima. Chico y chica.
Coge
el balón. —Vete a casa, Mariana. Ya tuviste lo que querías.
Un
movimiento por el rabillo de mi ojo me llama la atención, rompiendo la
conexión. Es Eugenia.
—Peter,
mamá y papá quieren que vayas a casa. Ahora —dice ella.
Dejo
caer mi cabello, apartando la suciedad de mi pantalón, aclaro mi garganta, y
hago de todo para no mirarlos..
Entonces
corro hacia el coche tan rápido como puedo.
Va me parece que llego el momento de la verdad!
ResponderEliminarAy dios!
ResponderEliminarMas Noveee!!
@sarapinyana
K se descubra todo,Mariana ahora mismo con lo k esta haciendo Peter ,esta más perdida,no entiende nada.
ResponderEliminarEuge x fin aparece,¿habrá observado todo?.K hable.
ResponderEliminarMas!
ResponderEliminarME ENCANTO SABES QUE SOS RE MALA NOS DEJAS CON UNA INTRIGA DEL ULTIMO CAPITULO QUIERO MAS NOVELA PUPY NO SEAS ASI DALEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
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