no
le dijiste que yo la atropellé, ¿verdad? —pregunta Eugenia mientras observa a Mariana
huyendo del parque. Yo sacudí mi cabeza.
—Pero
tú y Mariana. Vi como la estabas mirando y me di cuenta...
—¿Qué?
—dije rápidamente, entonces miré a mi hermana directo a los ojos. Comencé a
caminar de regreso a casa con mi hermana a unos cuantos pasos detrás de mí.
—Involucrarte
con Mariana podría acabar con nuestra familia, Peter.
—Déjame
en paz, Eugenia. Lo digo en serio —me giro hacia ella—. Ya he tenido
suficiente.
Cuando
llego a casa mis padres me están esperando en la puerta. Mi papá está rígido,
con una mirada preocupada en su rostro. Mi mamá está a su lado. Puedo darme
cuenta de que está totalmente fuera de sí.
—¿Dónde
estuviste anoche? —ordena papá con una voz tan acusadora que podrías pensar que
había estado afuera cometiendo un homicidio.
—Visitando
una vieja amiga. ¿Cuál es el problema? —mi mamá mira a mi papá.
Yo
abro mis brazos ampliamente.
—¿Qué?
—Vi
a Mariana viniendo desde el parque —dice papá.
—¿Y
qué? Es un país libre, papá. La gente puede caminar si eso es lo que quieren.
Mi
mamá aprieta sus brazos fuertemente, agarrándose de su suéter.
—Simplemente
no queremos que te metas en problemas. La gente habla...
—¿A
cerca de qué?
—No
quiero discutirlo —dice mamá, y entonces comienza a caminar tensamente hacia la
casa, sin duda a atontarse de nuevo.
—Vamos
a sacarlo todo afuera. Justo aquí, justo ahora.
—Peter,
por favor, no hables tan fuerte —mamá mira nerviosamente las casas de los
vecinos, asegurándose de que nadie sea testigo de la escena que estoy a punto
de comenzar. Dios, desearía que dejara
de preocuparse por las apariencias y se diera cuenta de que su familia se está
destruyendo.
—¿Que
está diciendo la gente?
—Nada,
Peter. Todo está bien. Ahora detén esta ridiculez.
Me
paré en medio del jardín delantero, y dije tan fuerte como puedo.
—¿Están
diciendo que he estado buscando peleas en la escuela? ¿Qué estoy acosando a Mariana?
¿Obligando a mis amigos a beber alcohol? Tú crees que todo es cierto, ¿Verdad?
¡Vamos, ya es hora de que me cuentes los putos chismes!
—Ahora
si pasaste el límite —dice papá, parándose en medio de nosotros—. Entra a la
casa y cálmate. Puedes disculparte con tu mamá después de la cena.
Reviento,
como una banda de caucho que ha sido estirada hasta sus límites por tanto
tiempo que simplemente se rompe en pedazos violentamente. Besar a Mariana, la suspensión de la escuela,
las manipulaciones de Luna, la advertencia de mi hermana, la inhabilidad de mis
padres para enfrentar la realidad, la adicción de mi madre, los falsos
chismes... todo está volviéndome loco.
—No
pienso moverme hasta que todas las cartas estén sobre la mesa —digo. Miro a mi
hermana.
—¡Peter!
—grita Eugenia—. Por favor, detente.
La
postura de mi padre se pone aún más rígida, sus labios se encogen y la
expresión de sus ojos es dura.
—Esta
es mi casa —dice él—. Y mientras vivas aquí vas a obedecer mis reglas. Ahora,
entra a la casa, deja a tu madre en paz... y... cálmate
Trago
con dificultad. No es fácil para mí decir las siguientes palabras que salen de
mi boca, pero no puedo contenerlo por más tiempo. Mi familia está hecha
pedazos, todos y cada uno de nosotros. Ellos quieren permanecer ignorantes,
olvidar la realidad y vivir en el mundo que han creado. Es falso, es
enfermo.... y yo no puedo hacerlo. Creo que la única oportunidad para que se curen es que
yo no esté aquí. Soy la raíz de sus problemas. Si arranco la raíz, removeré el
problema.
—Me
voy —digo.
Mis
pensamientos se concentran en Mariana, en la chica de la que solía pensar que
no valía la pena mirar por segunda vez. Pero cuando las cosas se ponen
difíciles, ella es la chica más fuerte que conozco. Ella me confrontó a cerca
de Luna antes del accidente, va a la escuela todos los días incluso cuando la
gente se ríe de la forma en que se mueve, y se mató trabajando para la Sra.
Reynolds para lograr su sueño de viajar a España. El accidente la hizo una
persona más fuerte. Demonios, ella me hizo una
persona más fuerte.
—¿A
dónde crees que vas? —demanda papá.
—Adentro
a empacar, después me voy de aquí. No puedo vivir con toda la vergüenza y la
negación que me rodean. Y ustedes tampoco deberían.
—Esto
es quienes somos ahora, hijo. El accidente nos cambió... a todos nosotros. Estábamos
bien hasta que tú lo arruinaste todo.
Yo
sacudo mi cabeza.
—¿No
quieres que todo vuelva a ser como antes? Yo daría cualquier cosa por hacer que
esta familia fuera normal de nuevo.
—¿No
deberías haber pensado en eso antes de atropellar a Mariana? Nunca hubiera
pensado decirle esto a mi propio hijo, pero tú... Peter Lanzani... eres un
bastardo egoísta.
Paso
al lado de mis padres y de Eugenia, hacia mi habitación. Sacando una mochila de
mi closet, meto cosas adentro sin detenerme a pensar. Estoy listo en cinco
minutos, entonces miro mi habitación por última vez.
Mi
sable de luz aún está en mi estante, esperando a que regrese. Pero esta vez no
voy a regresar. Seguramente, después de que me vaya, mi mamá no va a necesitar
drogar su vida para hacerla más soportable y Eugenia podrá vivir
la
vida de la forma que desee… con o sin la verdad. Y papá... bueno, algún día
tendrá que enfrentarse a la realidad. Cuando esté listo.
Ahora
depende de mí encontrar un camino para mí mismo y dejar de tratar de hacer que
la vida vuelva a la normalidad. A la mierda con lo normal. Lo normal no existe.
La familia de Peter Lanzani ya no existe. Ahora estoy solo.
Con
un suspiro de determinación entro de nuevo a la habitación, tomo el sable de
luz, lo meto en la mochila y salgo. Eugenia está en la puerta, bloqueándola.
—No
te vayas —ruega.
—Quítate
de mi camino.
—Mamá
y papá te necesitan, Peter. Yo te necesito
Le
di una risa corta.
—Mamá
y Papá van a estar bien. Ellos disfrutan vivir en la negación. A cerca de ti...
—me quedo mirando su ropa negra—. Tú tienes que superar el accidente.
Enfrentarte a los hechos antes de que persones como Luna te obliguen a hacerlo.
No puedo protegerte más. Es hora de que te protejas a ti misma.
Me
muevo alrededor de ella y camino hacia afuera. No tengo idea de hacia dónde voy
o que voy a hacer, pero me siento libre. Colgando la mochila de mi hombro
comienzo a caminar. Cuando alcanzo la casa de Mariana, no la veo pero sé que
está adentro.
Le
doy un saludo de despedida y sigo caminando.
El
mirador de la Sra. Reynolds es en donde paso la fría, solitaria noche. Cuando
una estrella fugaz pasa sobre mí mientras miro el cielo, me pregunto si es la
anciana señora dándome una señal.
PUPYYYYYYYYY ASI NO PUEDE SER EL ULTIMO CAPITULO PORQUE TE MATO NENA
ResponderEliminarSi no estoy mal queda un capitulo y no tengo idea como se va a resolver este enredo!!! Esto esta muy bueno
ResponderEliminarnuuu no se puede ir peter... sube massss
ResponderEliminarHasta el ultimo esperaste!,O Euge habla,y se aclara todo con la familia,o Mariana descubrió solita hace tiempo , k Peter no fue quien la atropello.
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